Miriam: una vida por la paz y la vida

Una vida de retos, silencios y aprendizajes forjaron en Miriam a una […]

Miriam Moreno Castro, lideresa del Meta

Una vida de retos, silencios y aprendizajes forjaron en Miriam a una lideresa valiente que trabaja con tesón por la implementación del enfoque de género en los acuerdos de paz. Desde su territorio o entrelazando vínculos y sentidos con lideresas de toda Colombia, en la Instancia Especial de Mujeres para el Enfoque de Género en la paz; Miriam sueña y construye un país en el que las mujeres puedan crecer y vivir en paz. Su trabajo es por el presente y el futuro. 

GINNA TATIANA PIRAGAUTA/ COMUNICADORA INSTANCIA ESPECIAL DE MUJERES PARA EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LA PAZ

Miriam Moreno Castro es lideresa del Meta. Ha trabajado por más de 30 años por la verdad, la memoria y la paz; con mujeres en su departamento y en toda Colombia. Miriam conoce el dolor de la guerra y esto la impulsa a trabajar por la paz, al igual que a muchas mujeres en las regiones más distantes del territorio nacional, en un contexto de violencia política y de riesgo permanente. Miriam sueña y trabaja por construir un país diferente para su nieta, su gran amor; y para las nuevas generaciones.

“La Instancia ha sido un espacio de conocimiento, de retroalimentación de saberes, y sobre todo el enfoque técnico y político que hemos aprendido ahí. Sobre todo, yo he aprendido todo con las instituciones, como se aborda la propuesta; porque uno está acostumbrado siempre como a dar la problemática, pero no tiene como las respuestas”, enfatiza la lideresa del Meta. 

Sus reflexiones, aprendizajes y experiencias de vida contribuyen a la labor misional de la Instancia Especial de Mujeres para la Implementación del Enfoque de Género en la Paz. Su participación en esta Instancia, como lideresa, en representación de una plataforma de mujeres diversas de su departamento, le ha permitido fortalecer su trabajo comunitario, la exigibilidad de los derechos de las mujeres y la garantía de su participación política; con argumentos y propuestas. 

“Esta es la primera Instancia de este tipo en el mundo, en donde llegamos diferentes mujeres y sobre todo de los territorios en los que el conflicto ha sido fuerte y además ha impactado en la vida de casi todas nosotras”, expresa Miriam Moreno Castro, lideresa.

“Esta instancia se construyó en el marco de los acuerdos, en los espacios de participación, en donde las mujeres tenemos este espacio, en donde podemos hablar de la implementación del acuerdo y sobre todo, conocer de primera mano todo lo que implica el enfoque de género y cómo las mujeres directamente deberían ser beneficiadas, con la firma de este acuerdo”. 

“La Instancia ha sido un espacio de conocimiento, de retroalimentación de saberes, y sobre todo el enfoque técnico y político que hemos aprendido ahí. Sobre todo, yo he aprendido todo con las instituciones, como se aborda la propuesta; porque uno está acostumbrado siempre como a dar la problemática, pero no tiene como las respuestas”, enfatiza la lideresa del Meta. 

APRENDIZAJES

Aunque Miriam considera que es importante el reconocimiento que las instituciones brindan a cada una de las mujeres que hacen parte de la instancia; lo es más el fortalecimiento en ella como lideresa, que se generó a través del diálogo que se realiza en la Instancia y con el que aprendió a presentar sus propuestas. 

“O sea, en el diálogo, el hablar, cómo se presenta una propuesta, cómo se puede generar una mesa articulada con instituciones. Esto también hace parte del conocimiento para poderlo poner en nuestro trabajo, de nuestras bases, de nuestras organizaciones. De cómo entablar una relación, una articulación con instituciones que tienen que ver con la implementación del acuerdo en nuestro territorio”, señala Miriam.

“Yo les he dicho a mis compañeras que el aprendizaje ha sido demasiado bueno, porque algunas, casi que la mayoría de mis compañeras, manejan muy bien todo lo que tiene que ver con el enfoque de género, que no sea el discurso solamente, sino que en la práctica se vean beneficiadas de la implementación del acuerdo; y todo lo que tiene que ver con acceso a tierras, los PNIS[1], los PDTS[2], en temas de participación”. 

“Entonces eso hace que, pues uno termine muy fortalecido para seguir haciendo incidencia en el territorio, pues teniendo claridad sobre lo que realmente implica la implementación; y sobre todo cómo se le hace seguimiento a esa implementación, en temas PDTS, en temas PNIS. Ha sido un avance de retroalimentación muy importante, en el que yo he aprendido de todas mis compañeras de la Instancia”.

“Yo creo que el aprendizaje ha sido excelente en medio de toda la diferencia entre nosotras, porque somos de diferentes territorios, de diferentes enfoques, con diferentes formas de ver la vida de las mujeres. Sobre todo, el respeto a esa diferencia, a la palabra, a los consensos, a trabajar en grupo. Creo que eso es lo más enriquecedor, porque de alguna manera se llama a trabajar en colectivo y a trabajar para el beneficio de un colectivo que somos las mujeres. Entonces, yo creo que eso es lo más importante del aprendizaje, de cómo reconocer la diferencia y el respeto por las posiciones” enfatiza la lideresa.

Génesis 

Miriam Moreno Castro nació el 15 agosto de 1967 en Cabrera (Cundinamarca) pero creció y vivió en Vista Hermosa (Meta) desde sus primeros años. A sus 20 años de edad, en 1987, tuvo que desplazarse forzosamente junto a su familia de este pequeño municipio, cuando el conflicto social, armado y político se recrudeció en el territorio. 

Inició un nuevo proyecto de vida en El Castillo (Meta). Allí inició labores administrativas con la Unión Patriótica. En 1992 hubo una masacre en el que asesinaron a una exalcaldesa y a un alcalde electo. Por esta razón tuvo que desplazarse nuevamente hacia la ciudad de Villavicencio.

“En medio de todas estas circunstancias, las mujeres ni siquiera pensábamos en nosotras. Pensábamos en que, algunas de nosotras habíamos perdido a nuestros compañeros, hermanos, tíos o sobrinos; pero nosotras como mujeres pues no nos veíamos ahí. Es en el momento en el que empezamos a reconocernos, que las mujeres también teníamos unos roles en esta sociedad, y que, además, nos había tocado asumir como sobrevivientes todo el tema y la situación de indolencia de la violencia en este país”.

Allí, en la capital del departamento, en el año de 1995 su esposo fue asesinado. Ella, a sus 28 años de edad, tuvo que sacar adelante a sus tres hijos sola. La muerte de su esposo se constituyó en un crimen de Estado, y con todo el dolor y el miedo, Miriam se levantó para construir un futuro para sus tres hijos. En el camino se fue reencontrando con las familias y los militantes de la Unión Patriótica. Juntos volvieron a reunirse, a contarse sus historias. 

A pesar del miedo y el escalamiento de la violencia que se vivía en el territorio, iniciaron un proceso de formación humanitaria e iniciaron un trabajo muy importante para dignificar el nombre de sus familiares, a través de las galerías de la memoria, en donde narraban la historia de cada persona asesinada o desaparecida y su proyecto de vida. Las galerías de la memoria también le contaban a la ciudad porqué fueron víctimas y cuál era su trabajo y liderazgo comunitario que realizaron.

MUJERES Y DERECHOS

“En medio de todas estas circunstancias, las mujeres ni siquiera pensábamos en nosotras. Pensábamos en que, algunas de nosotras habíamos perdido a nuestros compañeros, hermanos, tíos o sobrinos; pero nosotras como mujeres pues no nos veíamos ahí. Es en el momento en el que empezamos a reconocernos, que las mujeres también teníamos unos roles en esta sociedad, y que, además, nos había tocado asumir como sobrevivientes todo el tema y la situación de indolencia de la violencia en este país”.

Para Miriam inició entonces el reconocimiento de los derechos de las mujeres, de entender el papel que tenía en la sociedad, en la discusión y en la toma de decisiones políticas. En el 2013 se vinculó con una plataforma de mujeres con enfoque diferencial, en donde se encontraban victimas, desplazadas, jóvenes, ambientalistas, campesinas, entre otras

Ser parte de la Instancia Especial de Mujeres para la implementación del Enfoque de Género en la paz, fue una apuesta de la plataforma de mujeres que postuló a Miriam, luego de 30 años de procesos de formación, reconocimiento, resiliencia y trabajo comunitario; con y para las mujeres diversas del Meta. 

“Nos presentamos en esta primera elección y eso ha sido para mí, creo que una de las experiencias únicas en la vida. Además, porque somos la primera instancia en el mundo; y, eso nos ha servido a nosotras para fortalecer nuestras capacidades, nuestros reconocimientos. Conocer qué implica el acuerdo de paz en la vida de cada una de las mujeres es supremamente importante. Y desde ahí, ir aportando, construyendo, tejiendo redes para que las mujeres estemos siempre unidas, hagamos juntanza para priorizar nuestros derechos, nuestra voz y la vida de todos. Para que en Colombia no se repita y que haya verdad, justicia y reparación. Para todas estas mujeres que aún siguen esperando en ver que este país no siga en guerra, no sigan matando a los seres humanos”, señala con seguridad Miriam.

LA PAZ 

El inicio de los diálogos de paz fue un proceso cerrado y hermético. Transcurría el año 2013 y las mujeres consideraban que sus voces, sus miradas, sus propuestas eran aportes fundamentales para la terminación del conflicto armado en Colombia. 

“Las mujeres sobrevivientes somos las que hemos perdido a nuestros hijos, a nuestros compañeros, a nuestros hermanos. Y nos ha tocado todo el sufrimiento, el dolor, la rabia. Y lo psicosocial está en deuda por el Estado Colombiano; porque las mujeres siguen en esta situación.  El tema de la desaparición forzada, por ejemplo, para muchas mamás ha sido muy difícil porque no han encontrado a sus hijos o sus hijas; han enfermado, están enfermas; pero seguimos en la reivindicación de esos derechos porque en Colombia no vuelva a suceder, no se vuelva a repetir una situación de estas. Por eso, desde los espacios, desde los territorios, las mujeres le aportamos a la construcción de paz. Y desde ese momento tomamos la decisión de apoyar toda la construcción de un acuerdo de paz, para que realmente terminara y sobre todo se respete la vida de cualquier ser humano”.

Hoy, ante las actuales circunstancias que atraviesa la implementación de los acuerdos, Miriam analiza lo que requiere el país para garantizar la paz. “Yo creo que la primera cosa es que haya voluntad política de los gobiernos. Segundo que se reconozca el acuerdo como una política de Estado y no de gobiernos de turno. El otro aspecto que considero importante es la apropiación desde la sociedad civil para exigir la implementación del acuerdo; porque si nosotros no estamos atentos a esto, pues seguramente los gobiernos siguen haciendo caso omiso y desarticulado de lo que implica el acuerdo de paz, que es una política pública y de Estado en este país”.

MUJERES RURALES

Para Miriam, las necesidades de las mujeres rurales son muy puntuales y tienen que suplirse sin más dilataciones. “Sobre todo, que haya cumplimiento del Punto 1, sobre todo el tema de acceso a tierras. La mayoría de mujeres somos las victimas, estamos desplazadas fuera de nuestro territorio, y eso hace que las mujeres sigamos en condiciones de pobreza extrema, de vulneración, de discriminación, de no inclusión en las políticas; porque los gobiernos han sectorizado: las políticas para victimas, las políticas para mujeres, las políticas para afros”.

“Entonces estamos como sectorizados, y si eso no se articula para que todo este ejercicio de política pública llegue, y se fortalezcan todas estas comunidades; pues es muy difícil realmente, porque no hay voluntad política. Los gobiernos no priorizan los sectores menos favorecidos y, en este caso, a las mujeres no nos ven como un actor político en el territorio; sino que somos parte de la estrategia, o parte de la implementación de un proyecto. Nos cuentan, pero no nos tienen en cuenta como sujetos de derecho”, expresa Miriam.

Miriam representa a las mujeres del Meta en la Instancia Especial de Mujeres para la Implementación del Enfoque de Género en la Paz

SANACIÓN

“Yo soy victima de crimen de Estado. A los 28 años perdí a mi compañero, al papá de los tres hijos que me quedaron de él. Cambió el rol mío: de ser mamá/esposa a ser mamá/papá, y de alguna manera ayudar a que estos hijos crecieran en un buen ambiente. Y bueno, ahí es como mi primer impacto que me ha dejado este conflicto. Pero, hace cuatro años, también tengo la pérdida de mi segundo hijo. Entonces eso también ha sido muy duro para mi”.

“Creo que, por ejemplo, las compañeras de la Instancia decían que yo llegué muy triste. Realmente estaba muy triste, porque llevaba un año o dos de la pérdida de mi hijo, y pues para mi ha sido muy difícil. Todavía, a pesar de que han pasado cuatro años ha sido muy difícil. Y la Instancia, pues en sus procesos de autocuidado y sanación, realmente me ha ayudado mucho para entender y para superar esta situación. He estado en varios espacios, y sobre todo agradecerle a Bibiana por esa paciencia y por generar esa confianza, ese apoyo, para poder soltar un poco este dolor. La pérdida de un hijo es algo muy difícil de superar”. 

“Pero bueno, esto también ha sido importante para mí. De haber encontrado allá un espacio en donde poder contar, en donde poder llorar, y bueno… y todo esto que me ha servido a mi para mejorar mi condición. Sobre todo, de la salud mental”. 

PRESENTE Y FUTURO

“Hoy yo soy una mujer formada, tengo muchos conocimientos y tienen que ver mucho con el tema de los derechos humanos. Y específicamente, las mujeres, que tenemos derechos, pero muchas por desconocimiento no hacemos uso de estos derechos. Yo hoy si los tengo, tengo conocimiento, he aprendido a exigir los derechos míos, pero también ayudar a las demás a que nos juntemos y a que hagamos incidencia, seguimiento a políticas públicas que tienen que ver y que afectan directamente la vida de las mujeres; en temas de cómo erradicar la violencia en la vida de uno, pero también, en su entorno público”.

“Saber qué es un emprendimiento y cómo se hace. Nosotras hemos aprendido por ejemplo el tema de Plan de Desarrollo, para qué es un Plan de Desarrollo, qué significa un Plan de Gobierno que luego se convierte en un Plan de Desarrollo. Y es así que tenemos un discurso ya más de propuesta y de ayudar: cómo podemos mejorar desde nuestra labor para que las instituciones hagan mejor su ejercicio. Tenemos una articulación, presentamos propuestas, llevamos un buen diálogo. Entonces, todo esto yo he aprendido al calor de este ejercicio de formación y capacitación, de cómo nosotras ejercemos nuestro derecho de una manera dialogada, generando espacios colectivos”.

“Yo tuve tres hijos varones. Uno me regaló ya una hermosa nieta, Sara Lucía, de seis años de edad. Yo ando muy contenta porque mis tres hijos fueron varones y pues mi hijo me regaló esa nieta, y es como mi hija. Yo la amo mucho y por ella también hacemos también todo este ejercicio, porque creo que estas nuevas generaciones tienen que tener un mejor ambiente para crecer sanos. Y todos estos aprendizajes de nosotras tienen que servir para retroalimentarlos a ellas, sobre todo para el tema de que no vulneren sus derechos y aprendan a ser fuertes en la vida; con todo este conocimiento que tenemos de enfoque de género y los derechos de las mujeres”.

“También hemos entendido a través de este proceso de formación, que las violencias son como de generación en generación. Y que la violencia no es tan fácil de erradicar, de decir con un proyecto vamos a erradicar la violencia, esto también tiene que salir desde nuestros conocimientos. Ir cambiando todos esos estereotipos y eso tiene que replicarse a estas nuevas generaciones, como mi nieta, de como ella también en su entorno no sufre de estos temas de violencia, para que cuando ella ya esté grande pues tampoco los replique.” 

“Esto también es muy bello, porque nosotras hemos aprendido que hay que cambiar, que hay que mejorar nuestro entorno, nuestra vida. Dar ese testimonio para que las nuevas generaciones no tengan que pasar por la misma situación que nosotros”, finaliza Miriam. 

Los silencios, los aprendizajes, las experiencias de vida de Miriam y de las vidas de las mujeres de su territorio; han hecho parte de la Instancia Especial de Mujeres para la Implementación del Enfoque de Género en la Paz. Se complementaron y se fortalecieron. Hoy, en Colombia, las mujeres de la Instancia de Paz siguen contando y escribiendo la historia de las mujeres que sueñan con la paz y la abrazan con valentía y tesón, como Miriam. Como muchas, como todas. 


[1]El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito – PNIS – se estableció en el punto 4 del Acuerdo Final para la construcción de una paz estable y duradera, firmado por las FARC-EP y el Gobierno de Colombia como una solución al problema de cultivos de uso ilícito, reconociendo que el desarrollo de esta economía se origina y fortalece en su mayoría por la situación de pobreza, la falta de desarrollo en los territorios, el abandono del Estado, el conflicto armado, entre muchos otros factores que afrontan las comunidades rurales del país. Este punto quedó estrechamente ligado con el punto 1: Reforma Rural Integral, pretendiendo lograr una reforma estructural del campo que permita superar las condiciones que durante años han fortalecido el desarrollo de esta economía ilícita.

[2]Los Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial – PDET se establecieron en el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, como instrumentos de planificación y gestión para implementación prioritaria de los componentes de la Reforma Rural Integral en los municipios priorizados; con el propósito de transformar integralmente la ruralidad colombiana en 10 años. Con ellos, se prevé la superación de la pobreza rural y el mejoramiento de la calidad de vida de las y los colombianos en los territorios, con la participación de las comunidades, autoridades locales, academia, iglesia, sector privad; organizaciones sociales, étnicas, jóvenes, LGTBI, entre otros.